Atención especializada en IMECBA
La epilepsia no es solo un diagnóstico. Para muchas personas adultas, es una etapa de preguntas: ¿qué fue exactamente lo que me pasó?, ¿puede repetirse?, ¿me tengo que medicar?, ¿qué cambia a partir de ahora? Y en medicina, cuando la pregunta es importante, el valor no está en “tener una respuesta rápida”, sino en tener un criterio sólido.
En este contexto, compartimos una noticia relevante: la Dra. Alba Sierra desarrolla actividad asistencial en IMECBA y, a la vez, ha sido nombrada coordinadora del Programa de Epilepsia del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (unidad de adultos). Este tipo de responsabilidad clínica no es un “título”, sino una forma de trabajar: con metodología, con precisión diagnóstica y con decisiones que se sostienen en el tiempo.
Epilepsia en adultos: una idea clave antes de empezar
Una crisis (un episodio aislado) y la epilepsia (la enfermedad) no son lo mismo. La epilepsia se define como una enfermedad del cerebro caracterizada por una predisposición persistente a generar crisis epilépticas.
En la práctica clínica, se considera epilepsia ante dos crisis no provocadas separadas por más de 24 horas; o bien tras una crisis no provocada cuando existe una probabilidad alta de repetición (por ejemplo, por hallazgos específicos en EEG o neuroimagen) o cuando se diagnostica un síndrome epiléptico.
¿Por qué importa tanto esta distinción? Porque evita dos errores frecuentes:
- Minimizar un episodio que merece estudio (“seguro que fue un mareo”).
- Etiquetar como epilepsia lo que no lo es (y vivir con un miedo innecesario o tratamientos que no aportan).
¿Es frecuente la epilepsia?
Sí. La epilepsia afecta alrededor de 50 millones de personas en el mundo. Con diagnóstico y tratamiento adecuados, se estima que hasta un 70% de las personas podría vivir sin crisis. Aun así, persisten el estigma y la desinformación, que a veces pesan tanto como los síntomas.
Este dato tiene una lectura tranquilizadora: la epilepsia es una condición bien conocida, con herramientas diagnósticas sólidas y opciones terapéuticas eficaces en muchos casos. La clave es hacerlo con método.
Qué puede parecer epilepsia
En la consulta de adultos, uno de los puntos más delicados es el diagnóstico diferencial. Hay episodios que se parecen a una crisis epiléptica, pero pertenecen a otra categoría clínica. Por ejemplo:
- síncope (desmayo) por causas cardiovasculares o vasovagales,
- crisis funcionales (no epilépticas),
- trastornos del sueño,
- migraña con síntomas neurológicos,
- alteraciones metabólicas o efectos de fármacos.
Por eso, el foco de una consulta especializada no es “poner una etiqueta”, sino reconstruir bien el episodio y decidir qué pruebas aportan valor real.
Señales por las que conviene solicitar valoración
Una consulta de epilepsia en adultos suele estar indicada en escenarios como estos:
- Primera crisis (convulsiva o no convulsiva) o episodio compatible.
- Episodios de desconexión, “ausencias”, confusión súbita, caídas sin explicación clara.
- Movimientos involuntarios repetidos, sensaciones extrañas breves, alteraciones del lenguaje transitorias.
- Diagnóstico previo con evolución que “no encaja” o falta de control.
- Efectos secundarios de la medicación que afectan a la calidad de vida.
- Necesidad de segunda opinión para decidir con más seguridad.
En guías internacionales se recomienda una evaluación especializada rápida tras un primer episodio sospechoso, idealmente en un plazo breve (por ejemplo, 2 semanas en recomendaciones NICE). Aunque la organización sanitaria varía por país, el concepto clínico es universal: cuanto antes se estudia, antes se ordena el camino.
Qué suele incluir la primera visita y por qué marca la diferencia
Una primera visita bien hecha tiene un objetivo: salir con un plan. Habitualmente incluye:
Primera crisis no provocada en adultos: qué se sabe
Tras una primera crisis no provocada, el riesgo de recurrencia es más alto en los dos primeros años. La American Academy of Neurology (AAN) y la American Epilepsy Society (AES) sitúan ese riesgo aproximado en un rango del 21% al 45%.
Ese riesgo aumenta si existen factores como lesión cerebral previa, EEG con alteraciones epileptiformes, anomalías relevantes en neuroimagen o crisis nocturna.
¿Y el tratamiento inmediato? Las guías señalan que iniciar medicación tras una primera crisis puede reducir el riesgo de repetición en los dos años siguientes, pero no parece mejorar el pronóstico de remisión a largo plazo (más allá de 3 años).
Además, los efectos adversos de fármacos anticrisis (en general leves y reversibles) se estiman entre 7% y 31%. Por eso, la decisión se toma caso a caso, con criterio clínico y preferencias del/de la paciente.
Este es un buen ejemplo de medicina de alta calidad: no hay automatismos; hay evaluación, estratificación de riesgo y decisiones compartidas.
EEG en epilepsia: qué aporta y qué no
El EEG es una herramienta clave en epilepsia, especialmente para:
- identificar patrones que sugieran predisposición a crisis,
- orientar el tipo de crisis,
- ayudar a clasificar el síndrome epiléptico cuando existe.
Pero también hay que decir lo que no se suele decir en internet: un EEG normal no descarta por completo epilepsia, y un EEG con hallazgos inespecíficos no confirma por sí solo un diagnóstico.
El valor del EEG está en cuándo se pide, cómo se interpreta y cómo encaja en el conjunto clínico.
Seguimiento: controlar crisis y cuidar la vida real
El seguimiento en epilepsia adulta no consiste solo en “recetar y revisar”. La consulta especializada suele trabajar estos ejes:
- Control de crisis: frecuencia, patrón, factores desencadenantes.
- Tolerancia del tratamiento: somnolencia, concentración, ánimo, efectos sobre el rendimiento.
- Adherencia y ajustes finos: un buen control muchas veces se juega en detalles.
- Comorbilidades: ansiedad, ánimo, sueño… (frecuentes y tratables).
- Calidad de vida: porque el objetivo clínico es vivir con estabilidad, no solo “sumar meses sin crisis”.
La OMS subraya el impacto de la epilepsia y la importancia de un abordaje que tenga en cuenta no solo lo neurológico, sino también lo psicológico y social.
Segunda opinión en epilepsia: cuándo es especialmente útil
Pedir una segunda opinión no es “empezar de cero”. Es, muchas veces, un ejercicio de prudencia clínica. Suele ser valiosa si:
- El diagnóstico no termina de estar claro o ha cambiado varias veces.
- Persisten crisis pese al tratamiento.
- Hay efectos secundarios importantes o dudas sobre el plan.
- Se plantean decisiones relevantes (cambios de medicación, estrategias diagnósticas avanzadas, etc.).
Una segunda opinión con revisión ordenada de informes, EEG/neuroimagen y evolución puede aportar algo muy concreto: seguridad.
Cuándo conviene una valoración urgente
La mayoría de crisis terminan espontáneamente en pocos minutos. Aun así, hay situaciones en las que conviene acudir a un servicio de urgencias o solicitar atención médica inmediata, por ejemplo:
- si la crisis dura más de 5 minutos,
- si se encadenan crisis sin recuperar el estado habitual,
- si hay dificultad respiratoria, lesión o si es la primera crisis conocida.
En una clínica, esto se traduce en un mensaje simple: si el episodio ha sido prolongado, se repite sin recuperación o hay lesión, priorice la atención urgente y, después, la valoración especializada para estudiar el caso con método.
Dra. Alba Sierra, neuróloga especialista en epilepsia: consulta en IMECBA y coordinación en Sant Pau
La Dra. Alba Sierra atiende consulta privada en IMECBA y, además, desarrolla su actividad hospitalaria como coordinadora de la Unidad/Programa de Epilepsia de adultos en Sant Pau.
Como paciente, esto se traduce en una forma de consulta:
- basada en criterio clínico,
- con experiencia real en epilepsia adulta,
- y con una lógica de trabajo que prioriza diagnóstico y seguimiento coherentes.
Preguntas frecuentes (FAQs)
¿Tienes dudas? Aquí te respondemos
No necesariamente. Epilepsia implica una predisposición persistente a tener crisis, y su definición clínica contempla criterios específicos (no es sinónimo de un episodio aislado).
La crisis es el evento; la epilepsia es la enfermedad. Una persona puede tener una crisis sin tener epilepsia, dependiendo de la causa y del riesgo de recurrencia.
No. Puede aportar información muy valiosa, pero debe interpretarse en conjunto con la clínica, antecedentes y evolución.
No siempre. Depende del riesgo de recurrencia, hallazgos en EEG/neuroimagen y del contexto clínico. La evidencia muestra que tratar de inmediato puede reducir recurrencias a 2 años, pero no cambia claramente la remisión a largo plazo.
Tras una primera crisis no provocada, el riesgo es mayor en los dos primeros años y se estima en un rango aproximado del 21% al 45%, aumentando con ciertos factores clínicos y de pruebas complementarias.
No. Hay crisis sin convulsiones evidentes: desconexiones, alteraciones sensoriales, síntomas focales breves o episodios de confusión.
En muchas personas, sí. La OMS estima que hasta un 70% podría vivir sin crisis con diagnóstico y tratamiento adecuados.
Si la crisis dura más de 5 minutos, si se repite sin recuperación, si hay lesión o dificultad respiratoria, o si es la primera crisis conocida, conviene solicitar atención urgente.
Cuando está indicada, ayuda a identificar causas estructurales y orientar el diagnóstico y el plan terapéutico.
Una revisión ordenada del caso (historia, evolución, pruebas) para confirmar diagnóstico y coherencia del plan, especialmente si hay dudas, falta de control o decisiones importantes.
Puede tenerlo. La incertidumbre, el miedo a la repetición o el estigma son frecuentes. Por eso, un seguimiento bien planteado incluye también calidad de vida.
Solicitud de cita con la Dra. Alba Sierra
Si deseas solicitar una visita de Neurología o una consulta especializada de epilepsia / segunda opinión, puede hacerlo desde el sistema de cita online de IMECBA.
